domingo, 31 de marzo de 2013

SIEMPRE



SIEMPRE





Aquí estoy, en mitad de la lluvia, recordando los buenos tiempos que solía pasar en la universidad, cuando la vida era mas fácil para mi, cuando él estaba a mi lado.
-          ¡Maldito aguacero!
La lluvia torrencial empieza a caer, el aguacero, se acrecienta y relámpagos surcan el cielo, pero no sé si la tormenta externa es mas fuere que la interna.
-          Mierda, lo único que me faltaba era pescar un resfriado – murmuro.
He pasado los peores días de mi vida, están a punto de botarme de mi departamento y el desgraciado de mi jefe me ha echado a la calle como  a un perro sólo porque no quise acostarme con él, menuda suerte la mía.
-          Tal ves deberías haberlo hecho estúpida, así no tendrías que pensar en tu frío trasero en la calle -  ya estaba tardando en aparecer, pongo los ojos en blanco, mi voz interior es una perra desesperante.
-          Cállate - me digo a mi misma y en todo caso es nuestro trasero- Hoy fue mi último día laboral, lo peor es  que sólo llevaba un mes trabajando y…
-          y te gastaste por adelantado el sueldo del mes en ropa y zapato, eres tan despilfarradora- pongo los ojos en blanco
-          ¡cómo iba a saber que ese malnacido me iba a echar! Además, tú estuviste de acuerdo, no te hagas la victima
Un tacón de mis zapatos Gucci se rompe, grrrr ¡¡¡Lo que me faltaba!!!
-          Lo peor es que ni siquiera los has pagado, así como esa ropa que llevas puesta.
-          Bueno, no es necesario que me desnudes en la calle, ya podemos esperar a llegar a casa – le digo irritada
-          Una casa de la que pronto nos van a echar – ¿porque será que no se calla?  pienso
-          Te estoy escuchando…
-          Como si no lo supiera, ¿será que nos dan otros días? – cambio de tema para que no se enfurruñe, cuando lo hace puede ser estresante…
-          Jummm nos… me sueña a batallón, será el sereno mijita y está lloviendo, tienes que ocuparte tú solita de arreglar tus desastres.
-          ¡Perra desgraciada, ya sabía que no podía confiar en ti!
-          ¿soy tu parte mala, no lo recuerdas?- Cómo no lo voy a recordar, si me lo dice todos los días…
-          Jumm – resoplo – yo no tengo partes malas, no sé de dónde has salido, pero o me ayudas o te boto.
-          No puedes votarme yo soy tu….
-          Ya lo veremos - Hay si, mira como tiemblo… grrr grrr
Sigo caminando sin prestar atención, me he quitado mis dos zapatos, el asfalto se siente duro y frío sobre mis pies apenas cubiertos con las medias de seda, un par de medias estropeadas. Las plantas de los pies me duelen, gracias a Dios no vivo muy lejos de la oficina. Piso una goma de mascar que está en el asfalto. Dios, que rabia, ¡Este día no se puede poner peor!, pero me obligo a seguir caminado, no pienso tocar esa cosa repugnante…
Los autos pasan por la calle a gran velocidad mientras voy entretenida reprendiendo a mi voz, ¡La muy desgraciada no quiere colaborar! Lo primero que siento es el agua sucia bajando por mi cuello, y… ¡Mi abrigo de Armani! Mierda… ¡se ha estropeado!
-          ¡Estúpido! Imbécil… cerdo, me has mojado - digo mientras le enseño al carro que me ha pringado el dedo medio de mi mano derecha – ¡Cabrón!
Mierda, el auto se devuelve ¡¿Rayos, Dónde me escondo?! Puede ser un asesino en serie… ¡Ay, madre mía, la calle se ve sola! ¿Dónde me escondo?
-          ¡El bote de basura!
-          Estas locaaa, ¡no lo haré!
-          ¿Prefieres que nos maten?
-          ¿Con que nos, ehh? – mi voz me pone los ojos en blanco…
Ay, no te pongas melodramática…
-          Bueno, no seas tonta, no me voy a humillar más, antes muerta que sencilla, mejor vamos a caminar rápido…
Oh, carajo, demasiado tarde. Al parecer mientras hablaba con mi voz, el auto me ha dado alcance. Es un auto precioso, un Mercedes Benz negro, y no puedo evitar sentir una pizca de envidia. El auto me adelanta y se estaciona a unos metros delante de mí.
-          Creo que es momento de correr…
-          ¿Y si esperamos?... tal vez no es un asesino.
-          Si, bueno chiquita, si quieres morir allá tú, yo me pinto de aquí…
-          ¡¡Espérate, no me dejes sola!! – solo hay silencio  - ¡Oye! Contesta o… - nada, estoy sola para enfrentarme al asesino - mierda…
El hombre que se baja del Mercedes es muy alto. Doy un respingo al ver su rostro, wow es hermoso… un cabello negro como la noche y bien peinado hacia atrás, lleva un traje a medida que seguramente se empapará  por la lluvia. Sus ojos verdes son como dos estanques sin fondo mientras me mira fijamente, su barbilla cuadrada, y nariz recta me tientan, una corriente eléctrica me atraviesa por entera…
-          ¿Isabela?... ¿Isabela Cortés? ¿Eres tú?
¡Dios! Trágame tierra, es Elias Duque, mi mejor amigo en la universidad, del que he estado enamorada toda mi vida. Mi pulso se acelera y mi corazón empieza a bombear más de prisa. De todas las situaciones en las que pensé volver a verlo, jamás me imaginé con los zapatos en la mano, bajo una lluvia torrencial, una goma de mascar pegada en la planta de mi pie sobre mi media, y la cara llena de agua sucia ¡Por su culpa!
-          Ufff que buen gusto tenemos.
-          Ni lo mires guapa, es prohibido.
-          ¿Porque? – mi voz hace pucheros – ufff lo que podríamos hacer con un ejemplar como este.
-          ¿Tú no te habías ido? Que rastrera eres, lagarta... Bueno, olvídalo sabes que somos amigos desde la universidad, aunque dejáramos de vernos, él nunca nos ha mirado con otros ojos y no voy a echar a perder nuestra amistad.
Elias me mira expectante.
-          ¿Isabela? Gatita, ¿Eres tú?
Parpadeo y una sonrisa se forma en mis labios. Es increíble que haya dejado de llover. Claro, como el señor ha salido de su burbuja de oro, ¿Por qué mientras yo iba mojándome por la calle no escampó? – En serio que mala suerte tienes hija, mira que desastre eres – me dice mi voz, pero la ignoro.
-          Así que tú eres el estúpido que me ha pringado de agua sucia, jamás hubiera esperado eso de usted, señor Duque – digo con una sonrisa auténtica en los labios. Él me sonríe de vuelta y me abraza inesperadamente, levantándome del suelo y dando una vuelta riendo, conmigo en sus brazos – ¿Cómo estas? – ufff muy bien, por lo que se ve.
-          Muy bien, y te he extrañado mucho, cariño – me da un beso en la mejilla y me derrito contra el – rayos, que bien hueles… ñam te comería enterito.
-          Ya sabes que no me gusta que me llamen gatita – lo reprendo, pero no puedo borrar la sonrisa de mis labios.
-          No te enojes Isabela, no sabes lo feliz que estoy de verte.
-          Ay madre, que sonrisa tiene, parece un post de profident - dice mi voz.
-          ¿Qué dices? No me digas que todavía hablas con La Voz – sus ojos chispean de travesura y no me puedo enojar con él, es taaan guapo.
-          Por supuesto ¿Qué pensabas? La voz nunca me abandona.
Él sigue sonriéndome mientras saca un pañuelo de su bolsillo.
-          Dios, mira como te he puesto, lo siento mucho, aunque la verdad me alegra. Si no te hubiera echado toda esa agua, no me habría detenido y por lo tanto no te habría visto de nuevo – me mira fijamente mientras con su pañuelo acaricia mi cara y mi cuello para limpiarlo un poco, sus ojos son cálidos, dulces, parece que me quisiera decir algo.

-          Ay madre, que ojos ardientes, no se tú, pero yo digo que vayamos por él…
-          no podemos - le susurro a mi voz.
-          Listadice Elias y se aleja un paso de mi, su expresión inescrutable, sus hermosos y ardientes ojos velados para mí. Quisiera saber qué piensa – te llevo a casa, está oscuro ¿porque no estás en tu coche?
-          Lo tengo en el taller  - miento descaradamente. Tuve que vender mi coche para poder pagar la deuda de la universidad, pero no quiero que él lo sepa, se le ve tan exitoso. ¿Qué habrá sido de su vida estos años? Parece que ha ganado mucho dinero, su ropa y su carro lo dicen a gritos.
Da la vuelta al coche y me abre la puerta del lado del pasajero. Estoy un poco reticente, pero la verdad es que no quiero caminar, me duelen los talones. Elias me mira con curiosidad, parece que se quisiera aprender los rasgos de mi rostro, o evaluar los daños sufridos en mi atuendo, no lo se. Hace tanto que no nos vemos. Cuando él sube del lado del conductor se inclina hacia mí y con un gesto tierno pasa su mano por mi cabello, tocando mis rizos oscuros. Es tan cálida, tan suave, no puedo evitar inclinarme y posar mi mejilla para que me la acaricie. Con su pulgar frota el rubor de mi pómulo enviando un torrente cálido por todo mi cuerpo y no puedo evitar darle un suave beso en la palma de su mano. No quiero mirar a sus ojos, pues tengo miedo de lo que pueda encontrar en ellos, miedo de lo que pueda pensar, pero al mirarlo solo encuentro ternura. Tal vez está un poco sorprendido, pero su mirada me dice algo más, sus ojos claros son insondables y en mi mente solo puedo repetirme la melodía de una canción muy vieja que me lo recuerda… en silencio…
Como te va mi amor… como te va…

Sacudo mi mente de los recuerdos, y aparto mi mirada de la suya, creo ver un destello de tristeza, pero no puedo asegurarlo. Él arranca el coche y la ilusión de esa mirada ya se ha esfumado.
-          Siempre metiéndote en problemas ¿Eh, gatita? - dice mirando significativamente mis medias estropeadas y mi zapatos rotos
-          No sabes tu… - responde mi voz levantando una ceja y mirando fijamente su boca
-          Sabes que siempre he sido un poco torpe, es solo que hoy he tenido un mal día. La verdad es que no quiero aburrirte con mis problemas. Por favor, cuéntame cómo es que estas aquí. Pensé que estarías trabajando en Estados Unidos aún. -  trato de parecer lo mas serena posible mientras hablamos, aunque mi interior esté lleno de turbulencias.
Desearía no haberlo dejado ir nunca, pienso que tal vez debí decirle que lo amaba, pero tuve miedo de que me rechazara. Rayos, es increíble verlo de nuevo, tengo miedo de que me diga que sólo ha venido por negocios, saber que hay alguien esperándolo en Estados Unidos.
-          Bueno esta vez si la liaste parda… es muy chistoso verte así, aunque no es nada nuevo.
-          ¿Y a que has venido guapetón?, si me dices que por mi, me voy de una contigo… oh…¡¡poséeme baby!! – me rio un poco de las locuras de mi voz, pero luego lo miro seriamente a los ojos. Él se ve un poco incomodo y continúa hablando…
-          La verdad es que he venido por alguien, yo… estoy enamorado de alguien, gatita, pero necesito de tu ayuda. No había podido venir antes, necesitaba el dinero para estar a su altura. Ella es muy fina, elegante y jamás se fijaría en alguien como yo. En pocas palabras, he ido a hacer fortuna para conquistarla y creo que lo he conseguido. ¿me ayudarás?
Debo tener mis ojos como platos, sabía que había alguien, él es demasiado guapo para estar soltero… está enamorado de otra… las lágrimas pican por salir, parpadeo y aparto la mirada.
-          ¿Que lo ayudemos?... ¿será estúpido?, eh, cabron, como te has enamorado de otra, a ver y ¿yo que? – parece que mi voz está enojada
-           Bueno, entonces deberías haberle dicho hace dos años que estabas enamorada de él -le digo a mi voz.
-          Ya, pero él debió darse cuenta, más señales no podíamos haberle dado, por supuesto que no lo vamos a ayudar… mira que hacer dinero para otra ¡Esto es el colmo! -  ahora ella está indignada, espero que no cometa una estupidez.
Trago  fuerte y trato de apartar el dolor que se ha formado en mi corazón. Yo sabia que en algún momento él se enamoraría, nunca pensé que me doliera tanto… cielos… no puedo ayudarlo, eso me mataría. Claro que sí, sabes que siempre puedes contar conmigo… - creo que he firmado mi sentencia de muerte, la sonrisa en mis labios no es sincera y siento como si un puño me estrujara el corazón.
-          Bueno, no se diga mas ¿Qué haces mañana en la noche?
-          Bueno, estoy sin trabajo desde hoy, me van a botar de la casa y tú estas enamorado de otra ¿Qué crees que voy a hacer? – le dice mi voz
-          Suicidarnos no es una opción… - le digo a su vez
-          Bueno, siempre podemos comer helado hasta reventarnos y ponernos la pijama rosa, la horrible pijama de ositos rosa… grrr.
-          Nada, la verdad  es que no tengo nada que hacer, ¿Qué tenías en mente? - le respondo a Elias, no me pondré  esa pijama, ¡Jamas!
-          Bien, paso mañana a recogerte, es una sorpresa… para mi amor.
-          Ok
Al llegar a mi departamento Elias se baja del auto y me ayuda a bajar. Él siempre ha sido muy caballeroso, me acompaña hasta mi puerta y me mira con sus penetrantes ojos azules, sus ojos que guardan tantos secretos. Quisiera decirle tantas cosas, saber qué piensa, pero a el le gusta otra mujer, así que simplemente me despido y entro sin mirar atrás. No me siento con ánimos de invitarlo a pasar, la verdad es que quiero llorar en mi cuarto por horas. Después de 2 años de no haber visto al amor de mi vida, vuelve a mí para estar con otra, que patética soy.
Al día siguiente Elías llega puntual, lo noto bastante nervioso. No he querido preguntarle el nombre de la mujer de quien está enamorado, es muy doloroso. Él lleva puesto unos jeans a medida y una camiseta negra por debajo de su chaqueta también negra que resalta su pelo oscuro, es tan guapo. La vista de su trasero ajustado me seca la boca, no debo mirarlo con tanto deseo o se dará cuenta. Frunzo el seño y trato de parecer expectante, aunque su mirada me desarma por completo.
-          Hola, cariño – el apelativo afectuoso me revuelve el estomago.
-          Hola, Elias. ¿Cómo has estado?
-          Bastante nervioso
-          ¿Por qué? - ¿si, por qué?, tal vez se arrepintió y …
-          - no vayas pos ahí… - le digo a la voz.
-          Bueno, porque quiero pedirle a la mujer que amo que sea mía y no se qué me responderá, ¿te parece poco?
-          Si bueno, lo que sea, ¿vamos?
-          ¿Estás enojada? – me mira con sus ojos chispeantes.
-          Hija, este pelado parece que nos quiere embromar, algo se trae, esa sonrisa… ufff babas, pero no es normal – mi voz está un poco nerviosa y yo también.
-          Claro que no estoy enojada, solo me gustaría que hiciéramos esto rápido.
-          Por supuesto, vamos.
Entro al coche y miro por la ventana. La noche es fría y los edificios pasan rápido, no estoy muy cómoda pero no es por el asiento, es más bien que estoy triste. Anoche soñé con Elias declarándole su amor a esa mujer y no pude parar de llorar. Lo miro de reojo y él me esta mirando también, me sonríe de forma muy sexi y siento una corriente desde mis pechos hasta mi cintura cuando pone una mano tranquilizadora en mi rodilla. Sus ojos me dicen que todo va a estar bien, pero yo se que no es así.  ¿Por qué tenia que enamorarme de el? Esto es insólito incluso para mi, siempre hemos sido buenos amigos, no soy fea, pero tampoco bonita, y comparada con el soy una gatita remojada como él lo dijo. En la vida real el príncipe no se enamora de la cenicienta, ni las calabazas se convierten en carroza, en la vida real  el hombre que quiero esta enamorado de otra y no puedo hacer nada por evitarlo.
Al llegar a nuestro destino me doy cuenta de que Elias  sigue teniendo los mismos modales. Se baja de su coche y me abre la puerta, me sonríe de esa forma tan misteriosa que tiene y me derrito por dentro. Hoy mi voz está más callada que de costumbre, parece que ella también está triste. Miro el reloj y son las 9:00 pm, Elias pone su mano en la parte baja de mi espalda y siento la misma corriente de la última vez por todo mi cuerpo. Tal vez él lo siente también porque me mira a los ojos, como pozos sin fondo, como tratando de darme animo, como si supiera algo que yo no sé, y no se si esto me va a gustar.
-          ¿Pretendes traer a tu novia a este sitio? – le digo tratando de ocultar mi irritación, aunque sueno muy mordaz.
-          Aún no es mi novia, y sí, eso es lo que pretendo – me dice y vuelvo a ver la chispa en sus ojos.
-          Bien, buena elección es un lugar muy bonito, ¿ya reservase una mesa? - el sitio es un restaurante exclusivo de la ciudad, la vista es hermosa. Estamos en la costa, y se puede ver el puerto con los pequeños botes y barcos anclados. La luna colgada del cielo y las estrellas parecen más brillantes.
-          Bueno, realmente tenia otra idea en mente – Elias me conduce hacia la zona de los barcos, y un hombre alto y acuerpado sale a recibirnos. Está vestido impecablemente. Elias me deja sola unos segundos mientras cruza unas palabras con el.
-          Todo listo – me dice, mientras me conduce y me ayuda a subir al pequeño y hermoso barco que me había llamado la atención.
Huele a madera fresca y es de un hermoso tono caoba, la vista es impresionante y me llena un poco de tristeza. Las luces del puerto se ven distantes, una mesa preparada para dos esta en la parte trasera, y es todo tan bonito que me dan ganas de llorar.
-          No es momento para hacerse la fuerte, aún podemos largarnos de aquí
-          ¿Apareció la perdida?  - Le digo a mi voz
-          En serio, no voy a ser participe de tu hundimiento, luego la que paga los platos rotos soy yo y me pongo toda hinchada, no puedo pensar en ese horrible pijama de nuevo sobre mi.
-          Sobre nosotras, y ya sabes que no puedo decirle que no, quería verlo y no importa que sea para ayudarlo con otra.
-          Está bien, pero me largo no puedo presenciar esto, me da mucho coraje
-          En serio, estas loca hija, como te vas a ir si estamos en el mismo cuerpo
-          Me tapare los oídos – me responde irritada
-          Si ya te creí, con lo curiosa que eres. Bien, lárgate, no te quiero espiando de todos modos. – le respondo mordaz.
Elias me mira y veo la risa en sus ojos, no sé cómo hace para darse cuenta siempre que hablo conmigo misma. Me encanta que parece divertirle lejos de incomodarle como a otras personas, gracias a Dios no dice nada. Durante la cena hablamos de trivialidades, el ambiente es tan romántico que me hace suspirar, el barco se ha alejado un poco de la orilla y su suave balanceo nos arrulla. Él me mira un poco nervioso y toma mi mano por encima de la mesa.
-          Quiero que sepas que me alegra mucho que estés aquí – me dice
-          Yo también lo estoy, esto es lo mas hermoso y romántico que me ha pasado en la vida… quiero decir… eh, que a tu novia le va a encantar esto
-          ¿Si? bueno, y ¿Qué me dices de eso? – dice señalándome el cielo
Cuando miro hacia arriba puedo ver un globo que vuela bajo, mandando mensajes. Definitivamente Elias piensa en todo, puedo leer el saludo que envía el globo, las letras son rojas.
ESTOY FELIZ DE QUE ESTES AQUI
Luego, dice otra frase:
¿CÓMO LA ESTAS PASANDO?
-          ¿Y bien? – me pregunta Elias
-          ¿Qué?
-          ¿Cómo la estás pasando?
-          Sabes que bien  – le digo muy impresionada viendo fijamente los mensajes en el globo
-          Pregúntale  algo al globo
-          No – le respondo
-          ¿Por qué? – si ¿Por qué Isabelita?
-          Bueno, no me va a decir lo que quiero saber.
-          Ahhh, tal vez te impresione, vuelve a mirar.

¿QUIERES SER MÍA?
Los ojos se me salen de las orbitas, pero recuerdo que esto no es para mi, no puedo soportar la tristeza y me levanto de la silla alejándome de él. Lamento haber venido, es muy triste ver esto. Elias no me deja alejarme mucho y esta detrás de mí, me abraza por la espalda y me pongo tensa. Cuando me gira, su hermosa cara es inexpresiva, sus ojos parecen tristes, ¿por qué? El nudo que siento en mi estomago se acrecienta.
-          ¿Quieres ser mía? – susurra junto a mi boca
-          ¿Qué? – le pregunto, esto no parece real - ¿No entendiste, tonta?, ¡que si queremos ser de él!, SIIIIII, ¡poséeme! – grita mi voz
-          Mira – dice señalando hacia el cielo, hacia el globo, mientras veo que se forman las palabras mas dulces que he visto en mi vida
TE AMO
Sin esperar una respuesta Elias me besa, un beso dulce y tierno, lleno de promesas, pero abrasador. Nuestros labios se funden saboreándonos, su sabor es delicioso, cálido. Él sabe a hombre, besa las lagrimas que se deslizan por mi rostro, me abraza y me vuelve a besar en los labios, como tratando de arrancar mis palabras. Lo único que puedo hacer es devolverle en el beso mis ansias, mi deseo de acariciarlo. Le digo con mis labios cuánto lo necesito. Sus manos vagan por mi espalda, mis caderas se acoplan con las suyas, nuestras bocas se funden y su lengua invade cada recoveco de mi boca, degustando mi sabor como si fuera un plato exquisito.
-          Te amo - dice contra mis labios - te necesito – acompaña sus palabras con un beso y en mis labios se forma una sonrisa.
-          Yo también te amo – Elias sonríe, y mi voz interior se abanica porque estamos ardiendo. – ufff no sabes lo que te necesitamos ¡madre mía que calor hace!
-          ¿Y entonces? -  ¿Qué quieres saber? - me ha fundido el cerebro…
-          ¿Ah?
-          ¿Quieres ser mi novia?
-          ¿Tú que crees?
-          Teniendo en cuenta que me amas y que soy el mejor partido que puedes conseguir, y… que desde esta mañana soy el dueño del apartamento en que vives, creo que deberías decir que SI
-          ¿Que qué?
-          Bueno mi amor no podía soportar que estuvieras tan presionada, no te enojes por favor, te amo demasiado y no quiero que nunca te enojes conmigo, es solo que quería saber como vivías y averigüé lo del arriendo.
Me derrito por él, lo amo tanto. Ya hablaremos luego de esto, ahora mismo sólo quiero disfrutar y hacerlo sufrir un poco por lo que me ha hecho. Así que niego con la cabeza, y veo como sus ojos se agrandan por la preocupación. No puedo creer que este hombre perfecto me ame…
-          Me has hecho pasar un calvario
-          Necesitaba estar seguro que me querías primero, tenia miedo que me dejaras. Dime que si…  - Elias me vuelve a besar, amo sus besos y creo que me acabo de hacer adicta a ellos – siii que bien besa, estoy que ardo – sonrío, creo que mi voz y yo estamos de acuerdo en esto
-          SIIIIIIIIIIII, esta bien, pero ya hablaremos luego de lo de mi casa.
El suspiro que Elias deja salir es muy chistoso, pero la felicidad que veo en su cara debe reflejar la mía, me levanta del suelo y da vueltas conmigo en sus brazos. Su risa fácil es contagiosa y cuando me baja me deja resbalar por su cuerpo duro y perfecto, mis manos acarician sus bíceps y mi cuerpo se restriega contra el suyo, lo deseo tanto.
-          Te amo – me vuelve a decir
-          Creo que nunca me cansaré de que lo digas…
-          Te amo, te amo, te amo… he venido por ti…
Sus besos dulces me llevan a la locura…
-          Eh ustedes,  busquen un sitio para sus arrumacos
-          Ufff creo que alguien está frustrada… - le digo a mi voz
-          Bueno yo esperaba algo de acción – dice ella
-          Escuché eso dice Elias con su perpetua sonrisa en los labios – y creo que es algo que podemos arreglar… - me da un beso abrasador mientras me levanta en sus brazos. Miro hacia arriba y puedo ver una nueva frase en el globo:

SIEMPRE

EPILOGO
Después de la noche en el barco…
-          …y que noche, wowww
-          ¡déjame hablar!
-          Esta bien, esta bien…
Bueno, después de la noche en el barco, Elias me ha demostrado lo mucho que me ama. Es increíble que hayan pasado 6 meses, él se lleva muy bien con mi voz, la verdad es que le sigue el juego en todo y ella disfruta (demasiado) con él. He estado pensado en mandarla de paseo, pero eso es otra historia. En fin, nos vamos a mudar juntos, cada día con él es una aventura, cada día lo amo mas, sus besos me hacen encrespar los dedos de los pies. El día en que lo vi por primera vez, me preguntaba qué era el amor. En esa ocasión  no lo sabía con certeza, ahora lo sé… el amor es Elias. Después de él, no hay nadie más. Antes de él estaba sola, después de Elias solo hay felicidad, Elias  es el amor.
By… Key

1 comentario:

  1. Oh, ¡Que Bonito! Me ha gustado mucho, es fantastica y esta muy bien pero, ¿la continuaras?
    Un saludo

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